Un mes de febrero

Sí, vale, hace cosa de un mes que no tocaba el blog. En ese mes, además de irse haciendo pedacitos lo que nos queda de estado del bienestar y conciencia crítica, me ha dado tiempo a bajar a Seronia, viajar a Lisboa, pasar mis octavos carnavales en Farinatown y disfrutar con amiguicos perdiéndonos por Sanabria.
Y como de Seronia ya he hablado -de hecho, muchos llegan a estos pagos buscando información (los hay insensatos) sobre mi pueblo- y también lo he hecho, largo y tendido, sobre el mirobrigense Carnaval del Toro, qué menos que despejar las otras dos incógnitas. Intentaré ser breve, lo prometo, para así poder publicar esto el 29 de febrero y fardar para la posteridad.
Lo de Lisboa es sencillo. Como ya comenté en algún momento (y si no lo he hecho, lo hago ahora), suelo ejercer de pastor de almas con desvelos por las esencias histórico-artísticas de nuestra península. Por eso y por la fiesta, reconozcámoslo. No creo que sea necesario proporcionar más datos al respecto, clarísimo ha quedado. Níveo. Inmaculado. Prístino.
Tales labores me han llevado a Lisboa, Toledo, Segovia, Sevilla, Granada, Madrid y otros lugares a los que encima me pagan por viajar y dar la misma tabarra que aquí doy gratis. Quizás eso explique que el blog ande medianamente descuidado y que, a cambio, pueda degustar pastéis de Belém; entre una cosa y otra, y teniendo en cuenta que esto es mío y me lo cepillo cuando quiero, ustedes comprenderán que los pasteles venzan por goleada, sobre todo si se tratan de mi medida de la felicidad.
Lo de Sanabria es más simple: fuimos. Llevábamos meses con la idea de juntarnos con unos hamijos hamigos amijos seres de bondadoso corazón con los que nos llevamos tan ricamente. Estando unos en Galicia, otros en Madrid y otros en Salamanca era conveniente buscar un punto medio, de ahí que eligiésemos Sanabria, que suele caer un poco a desmano a todo el mundo.
Eso sí, nos procuramos un alojamiento magnifiquérrimo. Se ve que necesitábamos desquitarnos de la pésima experiencia previa: en noviembre sufrimos la casa rural Hoces del Duratón (sin limpiar, todo desordenado e incluso roto, ¡hasta las camas nos tuvimos que hacer!) a la que juré poner a caldo siempre que tuviese ocasión. Como ahora. Por suerte, en Sanabria -en Valdespino, concretamente- tuvimos muchísima mejor suerte al elegir Los Negrillos, recomendable. Es más, recomendabilísimo. Que vayáis en tropel ya, os digo.
No hay mejor resumen para esos días que "comer y algo entre medias". Ejemplo: desayuno portugués, Braganza, cabrito transmontano, Rihonor (hay vídeo bochornoso y sé cómo utilizarlo), cenar hasta reventar, desayunaco, Laguna de los Peces, atracón de setas, Lago de Sanabria, cenar hasta reventar II (El Retorno), otro desayunaco, Puebla de Sanabria y comilona de despedida. Una cosa ligera, el típico fin de semana de retiro espiritual del que vuelves cual lomo embuchado.
Ah, y con unas trescientas fotos que cribar. Y algunas menos que debería enviar a los amigos. Mejor será que las saque de la cámara antes de que se les vayan las vitaminas.

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