Cracovia: diario de ruta

Lunes, 31 de octubre
00:15.- Qué horas son éstas de coger el Vacmóvil e ir a los Madriles, por caridad cristiana. Qué horas. Yo, que me juré no volver a conducir hacia la Villa y Corte, al menos durante un tiempo. Queda el consuelo de que apenas hay tráfico. Pero Madrid sigue siendo Madrid y ese tráfico ausente de hoy se multiplicará en unos días. Como si lo viera.
07:52.- Repetimos con Ryanair este 2011: primero Oslo, ahora Cracovia. Nosotros hubiésemos ido a Turquía de no ser por los abusivos precios de unos viajes que revisamos hasta el último minuto. No hubo manera y buscamos otro sitio donde celebrar nuestro aniversario, continuando con la ley no escrita de capitales de (antiguos o no) reinos. Nos debatimos entre Berlín, Ámsterdam, Londres, Copenhague o Luxemburgo, pero nos terminamos decantando por la improbable Cracovia gracias a una sugerencia tuitera.
09:27.- Polonia será mayoritariamente plana, como el encefalograma de Sergio Ramos, pero entrar al país sobrevolando los Montes Tatras medio sumidos en la niebla le quita a cualquiera el aliento. Lo mejor será respirar de nuevo y tal.
11:41.- Bastan quince minutos de paseo para descubrir que Cracovia es una ciudad elegante y manejable, de ésas que se ganan fácilmente un huequecito en el corazón. Como mínimo, en el mío. Alojarse en un apartamento del centro también ayuda, más aún cuando lo haces por cuatro perras. Sobran razones para lanzarse a la calle y dejarse sorprender.
19:34.- Nos hemos pateado buena parte de la ciudad, yendo de un lado a otro para aprovechar unos horarios absurdos y ser los últimos visitantes -en meses- de monumentos como la coquetuela Barbacana, la Torre y Murallas de San Florián o la Torre del Ayuntamiento. Una paliza con recompensas como subir a la colina real de Wawel, ver sólo a la catedral y despedirte de ella y de sus reyes polaquitos sabiendo que regresarás a Wawel días después. Con todo cerrado a nuestras espaldas nos metemos en el único lugar que nos falta por hollar hoy: el Carrefágüer.
22:26.- Toca justificar lo del Carrefágüer. Ha sido muy de turista, cierto, pero también lógico. El polaco no es un idioma sencillo y con las cosas de comer no se juega. Si queríamos desayunar y cenar en el apartamento deberíamos aprovisionarnos, así que fuimos a lo seguro/conocido: un Carrefágüer. Y allí estábamos, dos españoles guiándonos por los dibujitos mientras tratábamos de descifrar alimentos e ingredientes escritos en una lengua completamente ajena. Menos mal que ser de Letras ayuda. Con eso, sentido común y tres palabras mal aprendidas o recordadas del vecino checo nos apañaremos o moriremos en el intento.

Martes, 1 de noviembre
8:57.- Hoy es nuestro séptimo aniversario. Y nosotros, que somos unos románticos incurables, lo estamos celebrando en condiciones: de camino a Auschwitz, lo único que se puede visitar hoy en la hipercatólica Polonia. Dos horas en un autobús preconstitucional para completar los sesenta y cinco kilómetros entre Auschwitz y Cracovia. Lo dicho, romanticismo del bueno.
11:14.- Auschwitz no es bonito. Auschwitz no es agradable. Auschwitz es el horror más absoluto sobre la faz de la tierra. Pero Auschwitz es imprescindible para conocernos, para comprobar hasta dónde puede llegar el hombre para despojarse de su humanidad. Poco importa la masificación turística, con hordas de estudiantes israelíes que no respetan el recuerdo de sus correligionarios masacrados. Un insulto sobre otro insulto.
13:46.- No sabemos cómo, pero L. y yo estamos a solas en un barracón abandonado de Birkenau. Nos sucedió lo mismo en uno de los crematorios. En ambos sitios la única sensación posible es el vacío y agobiante pánico de ser conscientes de lo allí ocurrido. Es un ambierte viciado e inerte donde faltan las palabras. Sin esperanzas ni fuerzas, sólo queda el grito ahogado del silencio que sepulta el lugar.
16:58.- Auschwitz nos obsequia con una cicatriz anímica indeleble y con ella retornamos a Cracovia, atravesando cementerios rebosantes de fieles. Pero da igual que sea festivo y sólo abran las iglesias de la ciudad: son ellas las que nos interesan, sobre todo la espectacular Basílica de Santa María cuyo puntual toque de corneta paraliza la impresionante Plaza de Mercado a cuyo alrededor gravita la ciudad.
18:02.- La droga es el camino. Al menos en Polonia: droga en polaco es "camino". Aunque yo me quedo con los yogures de chocho. Qué risas el polaco y sus letras borrachas.

Miércoles, 2 de noviembre
08:17.- Hoy es el día de Todos los Difuntos y los polacos se empeñan en honrarlo con su personalidad. Sin embargo, es comprensible: que Polonia las haya pasado putas en su historia puede explicar ese carácter entre seco, rancio y desconfiado.
14:10.- Esta mañana ha sido productivérrima. La niebla nos acogió entre iglesias y sinagogas (kipá incluida para servidor) en el barrio de Kazimierz, prosiguiendo con la ruta judía por la más que aparente fábrica de Oskar Schindler tras cruzar el Vístula hacia la antigua Podgórze. Acabamos en la Universidad Jaguellónica, que más que un adjetivo honorífico-dinástico parece un insulto impropio para semejante monumento, sobre todo cuando acabas colándote en una visita casi privada.
14:33.- La gastronomía polaca no es la más variada del orbe. Cerdo, coles, pollo, berzas, patatas y poco pescado, así, en general, donde lo más creativo son los pierogi, un híbrido de empanadilla y ravioli. De ahí que estemos almorzando en un restaurante húngaro. Por eso y por mi desmedido amor eterno hacia el gulash, el pörkölt y la madre que trajo a ambos. ¿A quién hay que matar para encontrar un restaurante húngaro en España?
20:49.- Tarde museística entre dos de las muchas sedes del Museo Nacional de Polonia: el Palacio del Obispo Erazm Ciołek (Edad Media y Moderna) y el Sukiennice o Mercado de Telas, apoteosis de lo decimonónico pese a ubicarse en el espléndido edificio renacentista que da nombre a la Plaza del Mercado. Y hablando de mercados, ¿por qué los Carrefágüeres polacos apenas le dedican espacio a los dulces?, ¿qué desayuna esta gente, repollos hojaldrados?

Jueves, 3 de noviembre
08:51.- Estamos de nuevo en la colina de Wawel, dentro del castillo. O dentro de una de las partes del castillo, mejor dicho, porque el sistema de venta de entradas y horarios se nos antoja demencial: distintas estancias, distintos precios, distintos turnos de visita y un número limitado de billetes disponibles. Nosotros lo queremos todo y lo queremos ya: somos los primeros en la taquilla, los primeros en el patio, los primeros en admirarlo todo embobados y los primeros en reírnos (con perdón) de unos reyes tan del chichinabo como los polacos.
12:39.- Armería y tesoro real: vistos. Salas del Estado: vistas. Apartamentos Reales: vistos. Yacimiento arqueológico del castillo: visto. Y ahora salgamos de aquí cagando leches.
13:18.- Vale. Nos hemos vuelto a colar en un tranvía (hoy caducaba nuestro abono de transporte para turistas), aunque hemos tenido la decencia de pagar el autobús que nos está conduciendo hasta Wieliczka. En unos minutos nos adentraremos en sus minas de sal, a unos cien metros de profundidad media. Voy preparando mi afamada interpretación del Soy minero, por mucho que L. desapruebe mi conducta.
16:31.- Yo del futuro, te confieso que Wieliczka es acojonante. Lo es por saberte enterradísimo, pero también por sus dimensiones, por su decoración y, sobre todo, por los miles de hombres que durante siglos hicieron posible este milagro en forma de cloruro sódico. Y he probado las paredes: paredes ricas, paredes saladitas. Ñam.
18:23.- Otra vez en la Plaza del Mercado, otra vez la corneta a la que tanto cariño he cogido, como a toda Cracovia, cracovios cracovianos cracoveños polacos al margen. Pero va siendo hora de irnos despiendo y buscar dónde gastarnos los últimos złoty.
18:24.- Lo de los złoty, formación del plural inclusive, es de traca. Un euro son 4'33 złoty y un złoty son 23 centimazos. Ponte tú ahora a echar cuentas con el cambio de divisa y remata el cachondeo con los grosz o céntimos: la moneda de un grosz equivale a la friolera de ¡0'002 euros! Pero un billete tampoco te saca de pobre: el mayor son 200 złoty (46 euros) y el menor, sólo 10, esto es, 2'30 euros. Con los złoty la crisis es menos crisis.
18:25.- Es más, tiraremos la casa por la ventana y cenaremos por 120 złoty en uno de los típicos restaurantes que recomiendan las guías. Una noche es una noche, qué carajo.

Viernes, 4 de noviembre
08:07.- Llamar "Juan Pablo II" a este aeropuerto ilustra el fanatismo católico polaco, aunque ya puestos podrían haberle dedicado un aeropuerto mayor. Porque éste es moderno, sí, pero tirando a raquítico. Aunque al menos lo utilizan, claro: un saludo a Ciudad Real y Castellón.
10:11.- Nos vamos. En menos de cuatro horas estaremos en Madrid. Habremos tenido un tiempo fantástico en Polonia, pero en España llueve a mares. Lo ideal para recoger el Vacmóvil, arrojarnos a una A-1 llena hasta la bandera y dirigirnos al cónclave familiar de L. en tierras segovianas.
12:36.- Que no se me olvide: en cuanto pueda cuelgo las fotos en Féisbuq y escribo de esto en el blog.

2 respuestas (¡y eso que son gratis!):

Alicia Liddell dijo...

Muy ilustrativa la narración viajera. Si lo llego a saber le embarco con un kilo de jamón ibérico envasado al vacío para hacérselo llegar a mi retoña, que, hombre, más cerca de Cracovia está ... a sólo 90 km, al otro lado de la frontera.
Igual para semanasanta que iremos a verla nos acercamos hasta allí, depende de cómo veamos las carreteras esteuropeas.

Fer dijo...

¿Un kilo de jamón? ¿Y vérmelas con Ryanair por exceso de peso en el equipaje? (de hecho, mi señor hermano agradeció más que le llevásemos una botella de ron, así andan en Suecia).
Eso sí, si os animáis a acercaros a Cracovia -altamente recomendable, en serio- yo os daría un consejo: a pesar de que hay autovías a Cracovia, los polacos conducen muy malamente. Ahí lo dejo.

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