Españoles, ETA ha muerto

Podría empezar este artículo diciendo que tengo prisa, mucha prisa, porque mañana me marcho a Lisboa. Podría continuar admitiendo que debo aún otro artículo a la experiencia sueca de la que ya han pasado dos meses. Y podría terminar este párrafo añadiendo el subtítulo "libios, Gadafi ha muerto", porque las noticias se nos acumulan como esa ropa que tanta pereza da planchar.
Pero no. Debía escribir que ETA ha muerto un 20 de octubre de 2011. El comunicado es mucho más enrevesado y adorna la disolución de la banda terrorista con una dialéctica desquiciante y propia de los psicópatas con manía persecutoria que son los etarras. Pero es el fin. Y lo saben, aunque por el momento se nieguen a pedir perdón y no insinúen intención alguna de entregar las armas, que lo harán. O eso quiero imaginar.
En el comunicado no sólo se habla de ese cese definitivo de la violencia. También se insta a los gobiernos francés y español a un diálogo para encontrar una salida al conflicto, siendo aquí donde se encontrarán los terroristas el mayor escollo: no hay gobierno ni sociedad dispuesto a un "sí" sin contrapartidas, sin reconocimiento a las víctimas, sin asunción de culpabilidad unidireccional. Toca recordar que ETA no ha perdido una guerra, pese a que así lo crea en sus desvaríos, sino que ha sembrado el pánico siguiendo el primitivo razonamiento conocido como "por mis santos cojones".
No sé qué sucederá a partir de mañana, pero sí sé que todos recordaremos este día. Pensaré en cómo supe de la noticia, a las 19:02 de la tarde, en la sala de proyecciones de Cursos Internacionales. En cómo me brotaron lágrimas en los ojos, en cómo sentía librarme del infame peso del miedo, en cómo esperé a que terminara la película para bajar las escaleras y anunciarles a los alumnos, con un nudo en la garganta, que estos hijos de puta no volverían a imponer su sinrazón sobre el resto de ciudadanos.
Ha sido medio siglo de terror, de cobardía, de mezquindad, de acogotar a Euskadi, a Navarra, al País Vasco francés, a toda España. De tiros en la nuca, de bombas lapa, de atentados masivos, de más de ochocientos asesinados. El final de esta agónica pesadilla es, sin duda, lo mejor que le ha pasado a España en décadas. Muy ruin y miserable hay que ser para no alegrarse por ello y, de no hacerlo, se le estaría dando la razón a los salvajes que intentaron acabar con nuestra pacífica convivencia.
Ha vencido la democracia. Hemos vencido todos. Ahora, por fin, somos libres.

5 respuestas (¡y eso que son gratis!):

Inés dijo...

Enhorabuena, me ha encantado cómo lo has expresado.

L. dijo...

A mí me gusta el final especialmente: "ahora, por fin, somos libres".

Fer dijo...

Me alegro de que os gustara el artículo, pero imagino que todos más o menos pensamos lo mismo en el momento en el cual supimos que ETA anunciaba el cese de la violencia.

Alicia Liddell dijo...

Yo no lloré, ni siquiera me mostré aliviada. Confieso que en el 82 se me saltaron las lágrimas cuando eta pm hizo lo propio. 30 años después, francamente, llega tarde. Que entreguen las armas, que cumplan condena, que pidan perdón, aunque sólo sea para sentirse humillados. Que se jodan.
Y seguiré sin poner los pies en Bilduchistán.

Fer dijo...

Alicia, tienes toda la razón cuando comentas que ETA llega tarde. De hecho, jamás debería haber existido. Pero me consuela (si es que se puede ofrecer consuelo a una sinrazón con más de ochocientos muertos) pensar que algo es algo.
Y sí, que pidan perdón, pasen por la cárcel y pringuen todo lo posible. Que se humillen y sientan una mínima parte de lo que han obligado a sentir.

PD: ¿no irías a Euskadi? Tampoco es que sea mi destino turístico número uno (ni dos, ni tres, ni cuatro...) pero algo tiene, digo yo.

Publicar un comentario en la entrada

La vaca no muerde, comenta lo que gustes.