Háganme el favor de ver este vídeo. Olvídense de la copa, del príncipe y de que me están leyendo y fíjense en esos amigos que atrás, en apenas tres frases, retratan a la mejor generación que jamás tuvo nuestro baloncesto: Calderón, Rudy y Navarro acuerdan cederle el honor de recoger el trofeo a Felipe Reyes, cuyo padre había fallecido hacía un mes.
Compañerismo, humildad, amistad, grandeza. No hay palabras que definan mejor a este deporte ni a esta selección que tanto nos ha malacostumbrado en estos últimos años. Un equipo histórico que merece el mayor de los halagos, ese "yo los vi" que queda alojado en nuestra memoria.
Yo los vi y así podré contárselo a mis hijos. Y espero que para entonces mis hijos no hayan tenido que sufrir tanto como yo por el baloncesto, por tantos años de decepciones, lágrimas y nudos en una garganta afónica de tanto gritar.
Nos costó ganar nuestro primer Eurobasket. Tras seis finales perdidas -seis, que se dice pronto-, la trabajada victoria de 2009 nos quitó de encima la terrible losa del segundón, nos despojó indirectamente de la presión para torneos venideros e incluso suavizó el batacazo del Mundial de Turquía de 2010 (sin Gasol ni Calderón, y apeados de semifinales sólo por el triple maldito de Teodosic).
Que nadie piense, sin embargo, que este Eurobasket de 2011 ha resultado una mandanga saldada con un paseíto militar de los españoles. Y si alguien lo piensa, le doy tres razones contrarias:
a) para empezar, el billete a los Juegos Olímpicos de Londres se ha vendido más caro que nunca, de ahí que todas las selecciones hayan acudido de punta en blanco y con su plantel de gala;
b) para continuar, el sistema de competición -¡veinticuatro equipos, veinticuatro!- y las tres semanas de duración han obligado a los jugadores a un doble esfuerzo, físico y mental;
c) para terminar, y va por los profanos, un Eurobasket es casi tan jodido como un Mundial o unas Olimpiadas, sólo que sin los Estados Unidos o Argentina. Vale, no es comerse un chuletón de un kilo, pero sí uno de ochocientos gramos. Y disculpen el símil, resulta que tengo hambre.
Dicho lo cual, este Eurobasket ha sido agridulce, irregular, imperfecto. Como los grandes genios, los españoles se sabían capaces de lo mejor y, en cambio, en casi todos los partidos han dado la sensación de dejarse ir, de amagar y no dar. A pesar de todo y salvo la absurda derrota ante Turquía (dos puntos en el último cuarto, la madre que los parió), España encaró lo que se antojaba temible calendario sin apenas sobresaltos: Polonia, Portugal, Gran Bretaña y Lituania cayeron en la primera fase, imponiéndose en la segunda a Alemania, Serbia y Francia, protagonista ésta de la mayor y más vergonzosa bufonada que recuerdo sobre el parqué.
Llegaron los cruces, malditos antaño. Y cuando digo antaño me refiero a hace lustros, porque España lleva siete semifinales de Eurobasket consecutivas -1999 a 2011-, algo impensable décadas atrás y al alcance únicamente de esos equipos de ensueño que tantas veces nos pasaron por encima. Sin embargo, ahora el equipo de ensueño es España y los Kukoc, Sabonis o Gallis de antes son nuestros Gasol o Navarro, auténticas pesadillas de cualquier rival. Gracias a recitales de este último, sobre todo, nos deshicimos en cuartos de la incómoda Eslovenia y en semifinales de la sorprendente Macedonia.
Esperaba Francia en la final, aunque yo no hablaré de ese 98-85 que reseñarán los libros, de esa lección de baloncesto coral, de esa deuda histórica con este deporte que por fin se cobró Calderón o de cómo terminé llorando y riendo a la vez, igual que hace cinco años.
No. Simplemente me limitaré a recordar esos segundos en los que unos amigos quisieron devolverle la sonrisa a otro.




7 respuestas (¡y eso que son gratis!):
A mí no me importa que estos tíos ganen pasta, sólo por los buenos ratos que nos hacen pasar, no como otros pijos con pelitos raros y pendientes que yo me sé.
Jaja. ¡Puf! Vuelvo a la vida después de cinco días dedicando mi tiempo libre a seguir currando con lo que ya has visto. Otro así y cierro el blog.
¿Pelitos raros? ¡Je!
Yo es que soy muuuy rarita. Me da una satisfacción enorme que levanten la copa porque así nos muestran sus axilas, y servidora puede comprobar quién se las ha depilado y quién no.
Y contra todo pronóstico, si alguno las tiene depiladas no puedo evitar emitir un grito de dolor.
Tras ver este video puedo decirlo: aún hay esperanza en este país nuestro. Sigue habiendo tíos sin depilar.
Siiii, ya sé que me van a decir que los jugadores de baloncesto no tienen axilas, sino sobacos. Vale, pero se me ha entendido, ¿no?
Vamos al lío que va siendo hora de saquear la cocina:
a) Pcbcarp, yo admito que el fútbol también me gusta (ojo, sólo el fútbol, no el asqueroso circo que le rodea) y que vibro como el que más, pero vaya, lo del baloncesto es más especial. Será haberlo mamado desde la cuna -es lo que tiene ser de Villanueva-, será haberlo jugado años (y ser compañero de Calde en el colegio), será el componente íntimo y personal, pero oye, que con el fútbol no lloré y sí con el baloncesto.
PD: joder, lo de tu artículo es la leche, en serio, qué curro te metiste;
b) Mara, a mí lo de los pelos en el sobaco como que me da lo mismo, será por vérmelos todos los días. Eso sí, nuestro país tendrá futuro mientras los metrosexuales hiperhormonados y ultradepilados continúen encerrados en los platós de Telecinco.
Ea, pelos para todos.
Jaja. Yo, como soy más viejo, fui compañero de Romay. Era un número verlo por el patio. A los 14 años medía 2,08 y le llegábamos por la tripa.
Sí, hijo, lo del postio ése ha sido como un parto (supongo)
En los platós de Telecinco y en el vestuario del Real Madrid, que no podemos obviar semejante institución, cuna de la metrosexualidad y de los experimentos peluqueriles
Juaaaaaas! Supongo que nadie tendría huevos de quitarle el bocata a Romay en el recreo
Vayamos al lío:
a) Pcbcarp, ser compañero de Rajoy tiene que marcar. No sé si para bien o para mal, pero tiene que marcar. Sobre todo a la hora de ganar todos los campeonatos escolares;
b) Mara, por favor, no entremos en cosas del Real Madrid que me dan ardores al ver en qué se ha convertido mi equipo (dicho lo cual, a ver si en otros equipos no va a haber metrosexuales galopantes).
Hala, podéis ir en paz.
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