Quizás exagere, porque Lysekil y Fiskebäckskil -léanse "Lí-seshíl" y "Físh-quebék-shíl"- son medianamente conocidos en Suecia. Pero dile tú a un español que te los sitúe en un mapa. Es más, dile tú a un español que te sitúe Göteborg ("Guiotebó-rie": suena mejor que Gotemburgo) u Oslo en un mapa, por lo que aprovecho que tú y todos estaréis ahora buscándolas para aclararos que sí, que mi hermano Carlos -el más guapo, listo y majo de los que tengo- está entre Göteborg y Oslo, en medio de ninguna parte y a la orilla del Gullmarsfjorden, el único fiordo de toda Suecia: Gullmarsfjorden, rechace imitaciones.
[
a) ... ver Suecia por vez primera a los diecisiete añitos y sacar pecho de la hazaña;
b) ... perfeccionar el inglés y aprender migajas del sueco, cosilla muy de agradecer;
c) ... descubrir un mundo nuevo y caer rendidos ante él de tanto que se nos enamoró el alma;
d) ... constatar, en mi caso y con gran pena, que el mito de las suecas estaba sobrevalorado.
Fin del inciso, tan largo que desmerece tal nombre. Mejor llamarlo Gertrudis].
Al grano. Mi hermano se agenció una beca para medio año y nosotros aprovechamos la ocasión para visitarle. Lo primero era conseguir vuelos baratos, esto es, sufrir un Madrid-Oslo-Madrid con Ryanair. Lo segundo era alquilar un coche con el que movernos (y mucho). Lo tercero era apañarnos el hotel para la primera noche en Oslo -joder, qué caro, y menos mal que era una ganga- y un apartamento para el resto de la semana en Lysekil -joder, qué razonablemente módico tirando a barato-, dado que no le íbamos a gorronear a mi hermano su habitación.
Nos plantamos en Noruega un 19 de agosto. Primera consideración, aplicable a toda Escandinavia: qué limpio, aseadico y minimalista de la muerte todo. Segunda consideración, también muy escandinava: qué educación vial más portentosa (señores, las autovías noruegas y suecas a 100 y 110 km/h), qué calma al volante, qué paciencia con quienes se pierden y se meten sin saberlo en el carril de autobuses, taxis y tranvías de una Oslo cortada por obras. Tercera consideración, en este caso más de Noruega: todo es caro, y cuando digo "caro" quiero decir "muy caro", del plan "una Heineken por ocho euros", si bien lo de alcoholizarse merece un inciso aparte. Un inciso al que llamaré Eduvigis.
[Eduvigis: el alcohol en los países nórdicos sólo puede comprarse en tiendas pertenecientes al monopolio estatal, al margen de bares y restaurantes, y a partir de cierta graduación, a excepción del lättöl, un aguachirri de cerveza baja en alcohol que se vende en supermercados. En Noruega tienen el Vinmonopolet (desde 4'75% de alcohol), en las Islas Feroe está el Rúsdrekkasøla Landsins (2'8%), en Finlandia se van al Alko (4'7%), en Islandia tiran de Vínbúðin (2'25%) y en Suecia cuentan con el Systembolaget (3'5%).
La conjunción astral de restricciones a la venta e impuestos añadidos conlleva...
a) ... que el Estado se lo lleve crudo para así mantener el ídem de bienestar;
b) ... que alcoholizarse sea complicado porque b.1) telita con los precios y b.2) si no, abusar del lättöl provocaría el clásico efecto "mear más que beber";
c) ... que sea menos barato aún hacerlo en los bares, ergo es preferible hacerlo en casa;
d) ... que cuando un nórdico salga a tajarse, se taje, y ya si eso socialice;
e) ... que países como España (el vodka sueco Absolut es aquí más barato que en su lugar de origen) sean la auténtica tierra prometida.
Bueno, Eduvigis, ha sido un placer, hasta otra].
Al grano, bis. No tuvimos tiempo más que para dar un paseíllo por Oslo y sí, vaya, que es una ciudad agradable, apañada y maja... sin más. Cierto es que nos faltaron horas y tal y cual, pero no nos dejó ese poso de frustración viajera que uno siente al despedirse de otros lugares. No sé si me explico.
Además, nosotros andábamos con la cabeza en otro sitio. En Suecia, cómo no, hacia donde nos dirigimos al día siguiente, que por eso este artículo se llama "Suecia, una introducción" y no "Suecia, nudo y desenlace".




6 respuestas (¡y eso que son gratis!):
Vaya, qué suerte. Yo no tengo a nadie a quien visitar en ningún lado.
Interesantes los datos que das. Yo siempre pensé que los suecos tenían que ser unos seres perversos; por eso crearon a ABBA.
Bueno, Mara, siempre se puede hacer el esfuerzo económico. Suecia merece muchísimo la pena (y eso que en esta ocasión no hemos visitado esa maravilla de ciudad que es Estocolmo).
Eso sí, los suecos no son nada perversos. Son un amor de gente, ya escribiré más adelante sobre ellos. Respecto a lo de ABBA, he de confesar que hay alguna cancioncilla que me gusta. Y de Roxette. Y de otros grupos más raros como Garmarna o Hedningarna.
Creo que merecía la pena señalar en la sección "Alcohol en los países nórdicos" algo que a mi yo de 17 años le llamó mucho la atención (y a mi yo de 25 se la sigue llamando poderosamente). Los chavales destilan sus propias bebidas (que es alcohol de curar con melocotón, básicamente) en los garajes de sus casas. No sé si es consecuencia de todo lo que cuentas, o si es que son muy sabios y piensan que donde se ponga lo artesanal...
Pues sí, Boomerang, es muy cierto eso de los suecos destilando ilegalmente en sus casas. Y no son sólo los chavales, sino también adultos, que incluso importan bebida de estraperlo para vendérsela a sus conocidos (según leí preparando el articulillo).
Pero, en general y según cuenta mi hermano, los suecos parecen estar orgullosos del System Bolaget. Al menos, de cara a la galería.
¡Oh, qué bonito! Un viaje familiar. Yo ya no hago. El último fue hace cinco años y estuvimos en un tris de dejar a nuestras retoñas abandonadas en Coimbra.
¿Qué pasó en Coímbra, Alicia? Conste que me parece una ciudad perfecta para perderme (como di fe el año pasado), pero de ahí a abandonar directamente a las retoñas allí...
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