Real Academia de la Mojama

Yo, por poder, podría hablar de lo que quisiera, que para algo el blog es mío y bla. El asunto es que Alicia Liddell me pidió en un escueto comentario que disertara sobre el archifamoso diccionario biográfico que se ha marcado la Real Academia de la Historia (RAH, en adelante), esa institución que desconocía el noventa por ciento de España hace menos de un mes. Con lo guapos que estaban calladitos. Bueno, guapos no, pero al menos no molestaban: eran el típico mueble viejo y apartado que anda por casa, pero que no tiramos por una mezcla de cariño y nostalgia.
Pero no, tenían que abrir la boca. O escribir páginas. Escribirlas mal, como ningún historiador debería hacerlo. Y encima publicarlas con dinero público, concluyendo un proyecto que arrancó hace más de una década y sembrando la vergüenza entre quienes ejercemos la profesión.
El problema en sí no es la biografía de Franco u otros personajes (director inclusive), ni el debate entre conceptos como autoritarismo o totalitarismo, ni el uso de términos tan añejos y bochornosos como "alzamiento nacional", ni otras minucias que muchos se han empeñado en magnificar. El problema es el desprestigio al que unos y otros han sometido a la Historia.
Más de cinco mil colaboradores -fuesen o no historiadores- han trabajado en el Diccionario Biográfico Español. Es imposible que no haya manzanas podridas en un cesto tan grande, las mismas manzanas que han contaminado al resto, deslegitimando el trabajo global. Pero una cosa es matar a Clío del disgusto y otra es violar salvajemente su cadáver, como han hecho los todólogos de siempre al olor de la sangre fresca. Esto es España, amiguitos, donde el más tonto hace relojes y cualquiera opina de lo que haga falta.
La verdad es que a un servidor no le ha sorprendido nada la polémica. La composición de la RAH da cabida a un variopinto conjunto de personas cuyos méritos para pertenecer a la institución pueden o no ser relativos. Obviamente hay historiadores que en tiempos pretéritos realizaron una labor inestimable y cuya hoja de servicios (o la mitad) ya quisiéramos muchos. A su vez, hay otros miembros cuya presencia supone no ya extrañeza, sino una afrenta a la profesión.
Capítulo aparte merece la pretendida paridad que se reclama para el diccionario. Protestar por ese mísero 9% de entradas dedicadas a mujeres denota un analfabetismo bestial y una total ignorancia de la Historia. Vale que, por desgracia, la mujer haya estado sometida durante siglos, pero coño, ni la RAH ni el resto de historiadores tenemos la culpa.
Visto lo visto, ¿por qué la sociedad ha de rasgarse las vestiduras tras años olvidándose de la RAH? Y, sobre todo, ¿por qué no se permite que sea la comunidad historiográfica la que evalúe esta iniciativa? Ejemplo: en este artículo de El País, sólo tres de quince opiniones pertenecen a historiadores. Ídem con el resto de medios. Esto es, se desentierra el cadáver de la RAH sólo para ultrajarlo más aún -y sin respetar al resto del gremio- y a la vez gente como Jiménez Losantos o los Escolar (todos periodistas, los mismos que se quejan de intrusismo si la Esteban asoma los morros) publica impunemente libros de presunta temática histórica.
En serio, la sociedad ni sabía qué era la RAH ni le preocupaba, y la mayoría de los historiadores, que sí lo sabíamos, la hemos mantenido al margen con cautela, conocedores de su rancia ideología y su tremebunda politización. Hasta que estalló el escándalo que nos expuso en pelotas a público escarnio porque todo Dios sabe de Historia tanto como de física nuclear, economía, sismología, diplomacia o el tema que toque poner de moda.
Genial todo, de verdad. Cuando pase la tormenta los historiadores seguiremos a lo nuestro, luchando por una profesión que unos y otros se han encargado de ensuciar. Hasta entonces me refugiaré en Aquí fue Troya, capeando el temporal.

7 respuestas (¡y eso que son gratis!):

L. dijo...

Ya lo dejaba claro el dicho "zapatero a tus zapatos", pero no aprendemos.

Fer dijo...

Pues sí, L., pero aquí parece que hay zapateros que también sirven como historiadores, politólogos y criadores de palomas. En fin, una lástima.

Muñekita Cat dijo...

Tu blog está excelente, me encantaría enlazarte en mis sitios webs. Por mi parte te pediría un enlace hacia mis web y asi beneficiar ambos con mas visitas.

me respondes a munekitacat@gmail.com

besosss

Catherine

Fer dijo...

Lo siento, Muñekita Cat, pero no creo ni que éste sea el método para lograr visitas ni que las temáticas sean las mismas: suerte y sigue probando con el mismo mensaje a blogs de medio mundo.

Alicia Liddell dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alicia Liddell dijo...

Casi que mejor me callo la próxima vez. Parecía que desperté al kraken.
De todo este embrollo lo que más descolocada me dejó fue la entrevista de El País a Gonzalo Anés. No sé, tenía una imagen de él como de abuelito encantador, un poco Cebolleta, pero cariñoso. Y joer con el viejo, vaya genio que se gasta. Se me caen los ídolos y los palos del sombrajo.

Fer dijo...

Nada, Alicia, no te preocupes: razón tenías al pedir que escribiera sobre el asunto porque ha sido de traca.
A más de uno también se nos suelen caer esos ídolos. A mí no con Anes, pero sí con algún otro que hay rondando por ahí (mejor me callo y no sigo, ejem).

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