El nuestro es un país de bares, joder que si lo es. Y no ya por la leyenda urbana (convenientemente difundida por el corta y pega de los paladines contrarios a la ley antitabaco) de que en España hay más bares que en Europa; ni por el aserto de que ninguna localidad de de España carece de bar e iglesia -y si se renuncia a algo, que sea a la iglesia, donde no echan el fútbol-, pese a que yo ya conozco dos pueblos sin bar: el charro Pastores y el jurdano El Gasco, donde tampoco encontré iglesia alguna.
Según el Anuario Económico de La Caixa, en España cabemos a una "actividad de restauración o bar" por cada 146 habitantes. Muy mal tiene que darse la cosa para que en cada esquina no haya un bar. Como se desprende del título, L. y yo no somos una excepción a tal regla.
Ya antes de mudarnos, cuando vivíamos con la cosmogónica María, teníamos cinco bares -cuenten ustedes- a menos de veinte metros; de hecho, a dos de ellos les profeso tanto cariño que sigo peregrinando hasta allí por futbolero ritual. En nuestra nueva calle, sin embargo, sólo encontramos en la esquina un local vacío que antaño fue bar de reputación tirando a dudosa.
Meses después observamos movimientos. Gente joven trabajando, algún retoque en el interior, un rótulo llamándolo "Cool" y unas señoras mayores en la puerta pidiendo que hicieran buenos pinchos. Y no, me temo que lo que más despacharon no fueron pinchos. Pasó desapercibido y cerró a los dos o tres meses, no sin antes comenzar a despertar nuestro recelo.
Apenas acabado el luto reabrió sus puertas, en esta ocasión bajo el nombre "La tribu", esta vez sin cartel, sino con un graffiti en la pared que, supuestamente, recalcaba el espíritu juvenil. Duró bien poquito, no más de un semestre. Ofertaba güifi gratuito (cuya contraseña nunca tuvimos a mano), litros baratos y platos especiales los fines de semana y, salvo cuatro noches de juerga fina, siempre estuvo más desierto que el listado de buenas acciones de Esperanza Aguirre. Y, como sucede en todo fregado que involucre a Esperanza Aguirre, era imposible depositar confianza alguna.
Transcurrieron las semanas y desapareció parte del graffiti para hacer hueco al que posiblemente sea el peor letrero pintado que me he topado en la vida, un despropósito total de tipografía y mínimo gusto por el diseño. De este modo nacía el "Pandora", inspirado por la apabullante-idiotizante Avatar y por sus antecesores en aquel espacio: cutrez suma, breve existencia, parroquianos invisibles y nuestra creciente certeza de que allí, más que tiempo, la gente pasaba otra cosa.
Hasta esta semana no cesó la clausura. Todavía con el patetiquísimo "Pandora" a cuestas, un folio -¡un folio!- en la puerta rezaba "Bar El Trébol. Abierto"... pese a que hay otro bar así llamado en Charrajevo.
Ha vuelto el bar. Han vuelto las sospechas. Seguiremos informando.




11 respuestas (¡y eso que son gratis!):
La cuestión es que antes que el Cool, mucho antes, quizá cuando Lucho Herrera ganó la Vuelta, ese local tuvo otra función, y aunque tengo la imagen grabada de la trapa con el graffiti que tenía (¡para algo era mi barrio!), no consigo acordarme de si fue peluquería, frutería o robopilinguería...¡Ah, tierna infancia! Luego, al poco, abrieron el bar. "Abrieron" del verbo "no-vamos-a-gastarnos-un-duro-en-mobiliario". Sillas colección otoño-invierno del 73; chicas del Interviú en las paredes que bien podían ser Norma Duval (¡de moreno!), Nadiuska o Maribel Verdú (qué manera de tirar el dinero, con coger cualquier fotograma de una de sus películas...), y de pinchos los aperitivos que puso la duquesa de Alba en su boda.... Terrible. Tenía un pinball y un futbolín (en el que probablemente el Madrid jugara con medias negras, no digo más). Luego, a finales de los 90 me parece que tuvo alguna(s) breve reutilización (ya no era mi barrio), pero es verdad que estuvo mucho tiempo cerrado hasta que inuguraron esa moda de abrir semestralmente el mismo bar-de-copas con distintos nombres y letreros estúpidos... (es mi medio barrio. Y hay que quererlo así.)
Hay determinados locales malditos que acogen "cosas" realmente espeluznantes...
Antes de que sea más tarde y vuelvan a cerrar el bar, comento:
a) Ismael, gracias por rellenar lo que falta de historia del bar antes de mi llegada al barrio. De ésas épocas (sobre todo 2001-2005) tengo yo referencias del bar como sitio donde la alegre muchachada iba a proveerse de sustancias no muy del agrado de las abuelas. A todo esto, ¿cómo que "no era mi barrio"?, porque no me jodas, tú pringas tanto como yo. Y lo sabes. Y mañana fútbol. Y hablando de fútbol, lo del Madrid con medias negras es el C-14 de los futbolines;
b) Folken, no había caído pero sí, hay locales malditos. Otro local maldito en Charrilandia (e Ismael se acordará de él, del bacalao que le sirvieron y de la puta madre del dueño) se halla frente a nuestra facultad. Últimas noticias de dicho local: cerrado por albergar inmigrantes ilegales hacinados que curraban en régimen de semiesclavitud.
Esto es Salamanca. Si se hace querer será por algo.
En esa época de "ya no era mi barrio" viví en las afueras de Salamanca, en casita con jardín y piscina pija los veranos... Hasta que en 2002 se produjo el retonno. Respecto al otro garito me acuerdo más de la puta madre del dueño que del bacalao, que de hecho ni lo vi. Y Freud estaría de acuerdo conmigo en que es imposible acordarse de algo que no existió.
pd. imposible lo del fúmbol. me quedo de currandas en los madriles. cosas propias y marrones incorporados. me estoy ganando el cielo.
Amoavé, Ismael, tienes toda la razón cuando afirmas que no puedes acordarte de lo que no existió. Y desconocía lo de la casita con jardín y piscina pija, menos mal que volviste al finoestilismo workingclasshero (tú y yo sabemos de lo que hablo. O no).
En cuanto a lo del fútbol, mal, muy mal. Esto de levantar el país tú solo hace que los demás quedemos como el culo.
Y el cielo ya te lo has ganado, según los miembros del Becadero. Tu señora sabe por qué.
Es verdad lo que dice Folken, hay locales que por la razones que sean están marcados por la mala fortuna de durar poco, de esos he visto, uno en mi barrio de la infancia en Zaragoza, siempre de mala reputación, con peleas y broncas fuertes, fuertes y que parece que siempre lo abran los mismos porque la apariencia no cambia, aunque si el nombre. Otro en mi calle actual, pero éste ha roto la maldición cuando lo han abierto colombianos ("El Caribeño") y está a tope de los idem y del Caribe, los domingos cuando me levanto se van los últimos clientes.......imagínate cómo... a veces hasta intentan pelearse....
Historias de bares difíciles...
Besos...
Bueno, Laura, la verdad es que yo no me lamento en absoluto de que el bar de la esquina no funcione ni a tiros. Es más, prefiero que sea un sitio silencioso: bastante tengo ya con unos vecinos de lo más... ejem... simpáticos.
De hecho, éste no es un bar difícil, al menos no para el vecindario. Es más, lo veo como un sitio cuyas actividades no serían aprobadas por el Niño Jesús.
Me uno al deseo malvado de que dicho local no funcione, que ya tenemos fiesta en la puerta de al lado, ¡cómo para tenerla bajo la ventana!
Es evidente que ese bar siempre ha sido tapadera de otras actividades.
Por otro lado, es un mal sitio para un bar: está en una calle tranquila, sin ningún negocio del que puedan venir posibles clientes y que sólo tiene cocheras y un par de portales. A menos que vivas allí, en principio no hay motivo para hacer una excursión por esos pagos. Además, está junto a calles más concurridas y ya atestadas de bares con solera.
Hay que aclarar, L., que nosotros no estamos en contra de que la gente honrada y humilde prospere, faltaría más, pero teniendo en cuenta a lo que se dedica el bar...
Y, por supuesto, ningún economista recomendaría abrir un negocio en tal sitio.
Hay locales que tienen mal fario, pongas lo que pongas, no funciona.
Más bien yo creo que no se debe a mal fario que cierre este bar tantas veces, Alicia. Me da a mí que se debe a otras razones más oscuras...
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