He de disculparme. Me he tirado dos semanas sin escribir por estos lares, aunque me rondaban por la cabeza algunas ideíllas amontonadas y amorfas: mis Navidades entre Seronia y Farinatoburgo, nuestras breves razzias sobre Portugal, la injusticia de que Xavi se quede sin Balón de Oro o una alocución acerca de la discutible filantropía imperante en el éthos de nuestros vecinos y sus obtusos (a la par que poco agradecidos y ponderados) denuedos por compartir con toda la escalera sus líricos berridos, sus relativas preferencias musicales y los efluvios derivados del consumo indiscriminado de marihuana.
Pero esta vez no toca hablar de esos cabrones, sino de otros, los mismos que llevan medio siglo sembrando el pánico y que el lunes declararon un nuevo alto el fuego. Dicen los etarras de que este alto el fuego es “permanente, general y verificable”, la mayoría de partidos coincide en señalar que no era éste el comunicado deseable y a mí todo me suena a más de lo mismo.
Más de lo mismo porque ETA no ha aprendido nada, si bien poco se puede esperar de gentuza incapaz de usar el cerebro. ETA no es una “organización socialista revolucionaria vasca de liberación nacional”, por mucho que repita la milonga: ni están organizados, ni son socialistas ni revolucionarios, ni representan a una supuesta nación vasca; bastante tienen los vascos con convivir con estos hijos de puta y con quienes los apoyan y justifican.
Si alguien de ETA o del entorno abertzale (que de izquierda tiene lo que yo de monaguillo) recobrara el raciocinio y recapacitara, aunque sólo fuese unos segundos, se daría cuenta del grado de fanatismo alcanzado, de su desquiciada dialéctica y del secuestro al que han sometido a la sociedad. Comprendería años de errores imperdonables que ni siquiera la entrega de armas y la entrada en prisión –para pudrirse allí hasta la eternidad- lograrían minimizar.
Y sin embargo, eso no sucederá. La banda y sus adláteres mantendrán su discurso victimista y agresivo, enloquecido hasta la náusea, culpando a ese ente denominado España (y a nosotros, los españoles, de ser sus cómplices) de lo que en verdad ETA y compañía son responsables: de la opresión de Euskadi y Navarra, del horror, de la muerte.
Este alto el fuego no significa paz ni justicia. No habrá paz ni justicia mientras esta panda de salvajes y los no menos salvajes que les respaldan se vanaglorien impunemente de su macabra, absurda, grotesca fe de etarras.




2 respuestas (¡y eso que son gratis!):
Pues en efecto. Coincidimos en lo esencial, lo que pasa es que yo soy incapaz de sintetizar, oyes... Bueeno. A ver si nos sacudimos la vagancia, sobre todo yo y mantenemos firme la delgada línea roja frente a los hijoputas del mundo.
A ver, Pcbcarp, que lo de sintetizar tampoco es cosa mía (basta con ver los postios que me salen últimamente).
Pero sí, estamos de un vago que lo tiramos, cuando precisamente deberíamos -como apuntas- mantener firme esa delgada línea roja, que hay mucho hijoputa suelto.
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