Catorce mil kilómetros de verano:

12.- No ni ná

Yo de ciencias entiendo lo justo y poquito más, reconozco con desazón. E ignoro si la comunidad científica se inclina por un resignado “esto es lo que hay” –el clásico universo único sin otros universos con los que jugar– o por las cajitas de Futurama, idea que a mí me atrae más porque sale Zoidberg y porque contempla la existencia de universos paralelos como el país del chocolate, un Tüíter sin broncas, el cerebro de Leire Pajín o Cádiz.
[Que nadie me malinterprete: el chocolate, de comer; por Tüíter campea la concordia; nuestra ministra (!/?) es plurineuronal y nombro a Cádiz por lo que sigue].
La cosa es que mi hermano estudia en Cádiz. Bueno, no. Estudia y vive en Puerto Real, aunque es más sencillo y da más caché decir que estudia en Cádiz. Que lo mismo ustedes pensarán que no es que Cádiz capital derroche glamú (total, Seronia tampoco y tan ricamente sobrevivimos), pero Puerto Real es más humilde y, que me disculpen los puertorrealeños, menos bonito que un buen puñado de lugares de la provincia.
[Otro inciso aclaratorio: Puerto Real es conjunto histórico-artístico, perfecto ejemplo de urbanismo cuadriculado de fines del ese punto equis uve, amén de estar enclavado en la bahía de Cádiz, entre un parque natural y varios complejos endorreicos –que es un palabro que suena fatal pero que explicado gana mucho– y, de paso, se come de vicio en las tabernas del Fillo y del Puerto].
Pese a todo lo expuesto entre corchetes, Puerto Real se ve en dos tardes e igualmente íbamos L. y yo a gorronearle cuatro días el piso a mi hermano. Algo había que hacer con el tiempo sobrante y con mapa, Vacmóvil, experiencias propias y consejos ajenos nos lanzamos a mostrarle a L. el encanto del Sur, así, en mayúsculas. Y ella en principio era castellanamente reticente, porque mientras más baja de Gredos menos le tira el percal, aunque creo que terminamos convirtiéndola al noninaísmo. O no, yo qué coño sé.
Aligero. El día 5 nos metimos en vena un chute de pueblos blancos, comenzando por Arcos de la Frontera y continuando por Ronda, Setenil de las Bodegas (gracias al Futuro Bloguero por la recomendación) y Olvera. Todo muy encantador, taurino-goyesco, ojiplático y poco apto para la salud cardíaca del conductor, desde luego.
Dejamos el 6 de septiembre para las rivales Cái y Heré. A L. se le indigestó la asfixiante mezcla de calor y humedad de la capital y no se recreó ni en su decrépita atmósfera ni en su particular vecindario ni en su catedral Whopper, si bien el pescaíto le supo a gloria. En cambio, como servidor un año ha, acabó capitulando ante la silenciosa monumentalidad de Jerez, que es una de esas ciudades cuya mejor publicidad reside, precisamente, en no publicitarse y dejarse vender por el boca a boca.
Hablando de bocas, el último día desatamos el sentido del gusto. Empezamos en Tarifa y que la multitud güinsurfera-jipiosa no les engañe: lo mejor de la ciudad son los insuperables dulces de la confitería La Tarifeña. De ahí marchamos a Vejer de la Frontera, pueblo de obligado peregrinaje tanto para admirar su inmaculado casco histórico como para deleitarse en El Jardín del Califa. De vuelta a casa nos detuvimos en El Palomar de la Breña y el Cabo Trafalgar –previo paso por Barbate para honrar la memoria de Chiquito– y cerramos la jornada (y estancia) en Puerto Real cenando en el Albarizuela. Y, de beber, albóndigas.
Pero un 8 de septiembre es un 8 de septiembre, por lo que L. y yo abandonamos Puerto Real para subirnos a Seronia, donde es tradición familiar (ya conocen mis tradiciones a lo memo) canturrear el himno de Extremadura en una fechilla tan sacra. Sin embargo, mucho mejor aún fue meternos entre pecho y espalda un arroz, patatas y bacalao antes de regresar esa tarde a Charrilandia vía Miróbriga.
Y no, ése no sería el último trajín veraniego del Vacmóvil, como leerán en la próxima entrega.

12 respuestas (¡y eso que son gratis!):

Laura Uve dijo...

Va ser serio que han sido catorce mil km ehhhh

¿Reconsideró su postura L. sobre el sur?

Esto..... qué verguenza lo de Puigcercós........grrrr... que desgracia y que verguenza para la política que los políticos tengan que recurrir a estas bajezas para llamar la atención.

En fín, sigue contando... un abrazote.

L. dijo...

A ver, que no se me tache aquí de "andalusófoba", por el amor de Dios. Sin embargo, ha de reconocerse que para un meseteño-castellano-leonés... el sur puede ser un planeta distinto. Bonito y raro al mismo tiempo. Que se come de muerte... sí. Que tiene unos paisajes y unas ciudades increíbles... sí. Que mi naturaleza no está hecha para esa mezcla de calor y húmedad asfixiante... también. Que a veces no pillo del todo ese particular sentido del humor y esa manera de hacer las cosas... vamos a decir que también.

Conclusión: Andalucía está muy bien, pero mi organismo no podría sobrevivir allí toda una vida. Supongo que lo mismo dirían un montón de gaditanos de Salamanca y no se lo discutiríamos.

Laura Uve dijo...

JAJAJAJA.....L., ni te imaginas cómo te comprendo. Yo no soporto la calor (ya sufro mucho en la Costa Dorada)y tampoco acabo de entender su idiosincracia. Yo soy aragonesa, jejeje.

Un abrazo.

L. dijo...

Es que climas como los nuestros son caldo de cultivo para la ironía, el sarcasmo y el humor negro malvado, demasiado frío para hacer otra cosa... nada que ver con el sur.

Aparte de que a mí los acentos no se me pegan ni con cola, así que voy dando el cante con mi dicción castellana en cuanto bajo de Gredos. En el pueblo de Fer, al principio, nada más abrir la boca ya entornaban los ojillos y me decían: "Tú no eres de por aquí, ¿verdad?". No como a cierto cuñado mío que ya es gaditano hasta en el "no ni ná".

Fer dijo...

Antes de salir pitando para casa, respondo:

a) Laura, sí, sí, eché las cuentas de los kilómetros y todo. Imagino que L., como cuenta, sí se replanteó algunos tópicos y eso, cosa que Puigcercós no ha hecho aún. Como apuntó mi presi, la culpa es de Puigcercós por no viajar. La verdad es que entre Puigcercós y Sánchez-Camacho os estáis comiendo una campaña electoral fina, os compadezco;

b) L., no digo que seas "andalusófoba". También coincido en que el sur es algo distinto, y eso que viví en Andalucía algún añito. Pero me conformo con que supieras apreciar ese mundo aparte que es Cái;

c) Laura, yo tampoco soporto el calor, y eso que soy extremeño. Ahora, que no te hacía maña, lo que son las cosas. Otro abrazo;

d) L., vuestro clima es también caldo de cultivo para el carácter recio, ¿no? (es broma, es broma, ¡no quiero dormir en el rellano!).
En cuanto al acento, sí, a mi hermano se le pega enseguida el habla gaditana y hasta yo he cogido algunas eses en Charrilandia... para oprobio de mi ser y del de mi familia.

¡A comer!

Fauve, la petite sauvage dijo...

Esta sevillana con la mitad de la sangre y vecindad gallega piensa que para todo quisqui, moverse a dos comunidades autónomas de distancia de la que habite supone un cambio de planeta prácticamente siempre, a pesar de los documentales y de internet y sobre todo por los blogs :))
Vengo después de siglos a veros y os encuentro más cambiados, mayores (en el buen sentido: más adultos) y con pérdidas en el buen gusto por parte de Fer (L. siempre lo tendrá exquisito aunque no lo comparta a veces) porque vengo de la entrada siguiente, viajando en el tiempo, y veo que tiene fobia al mar (¿y al océano atlántico? por si venís por La Coruña de nuevo...) y encima no le gustan las rabas... En fin, que no vengo a criticar, sino a saludar... ¡en esta segunda vida! Que sí, que es así, tal cual: después de una enfermedad grave y dos operaciones se puede decir que comienzo mi segunda vida, con tanta felicidad que quiero compartirla también con vosotros y espero irme actualizando poco a poco, cosa que he intentado infructuosamente tantas veces pero ahora tengo ¡toda una nueva vida por delante! de la que no pienso desaprovechar ni un segundo (siguiente viñeta: a perder el tiempo sin hacer nada...).
Muchos besos, Lucyfer ;-) y mimitos a Lucas, de vuestra Fauviña.

Fauve, la petite sauvage dijo...

Pero el "no ni ná" ¿no será "ni no ni ná"? Tengo que volver por ahí...

Fauve, la petite sauvage dijo...

Y no hablo de ambulancias ni coches de policía ni bomberos, claro.

Fer dijo...

Fauve, ¿sevillana?, ¡no jorobes! Y yo que todo este tiempo pensaba que eras galleguísima de pura cepa...
También me has dejado de una pieza al hablar de tus operaciones, pero me alegra y mucho ver que todo ha salido genial y que has vuelto con mucha fuerza, como siempre ha debido ser.
Por otro lado mí no me resulta demasiado raro saltar dos regiones en el mapa y sentirme en un mundo distinto. Será que, además de en Extremadura, he vivido en Andalucía, Asturias y Castilla y León, así que estoy hecho al cambio.
Por otro lado, ¿cambiados?, ¿mayores?, ¿cómo que he perdido el buen gusto? A mí las grandes masas acuáticas (no sólo el mar, sino también ríos, pantanos y tal) me dan cosica, no de verlas, sino de meterme en ellas. Y las rabas me encantan, sólo que me hace muchísima gracia el nombre porque me parece una pésima elección para un alimento tan riconudo, la verdad.
Lo del "no ni ná" es la triple negación andaluza, como la definió mi hermano. No sé si viene del "ni no ni ná", pero el sentido es más o menos el mismo, claro.
Muases de L. y míos y maullidos de Lucas.

L. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
L. dijo...

Querida Fauve:

¡Qué gustazo verte por aquí! Me alegra tanto que te diré "weedn", que es el palabro de identificación de hoy.

En otro orden de cosas, sí es cierto que Fer le tiene cierta tirria al océano. No así servidora, aunque reconozco que me resultaría raro vivir en un lugar con salida al mar, que una está acostumbrada a la meseta, al frío helador y a vivir en valles rodeados de montañas y no de grandes extensiones de agua salada. Eso sí, te confieso que me sentiría mucho más cómoda en el litoral norte que en el sur o el este porque la húmedad combinada con el calor me mata... y porque adoro el paisaje de la Rías Bajas (y un montón de exquisiteces culinarias gallegas que se me vienen a la mente por coincidir la hora de la cena).

Besazos de nuevo y saludos de Lucas

Fer dijo...

Si yo no le tengo tirria al océano: le tengo fobia, miedo, repelús o cosica, como quieras llamarlo. A mí es que me entran unos agobios y unos suores fríos en cuanto me meto en agua sin ver el fondo que tela...
Y no, yo tampoco creo que fuese capaz de vivir en la costa. A mí que me den kilómetros para correr en todas las direcciones, y casi nada de humedad, que luego el pelo se me pone fatal y yo para eso no uso acondicionador, ¿eh?

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