No lo expliqué, pero el artículo anterior se debía a que del 25 al 30 de julio estuvive con mi familia en Oviedo, disfrutando del fresquito y acumulando grasas para hibernar. Desde allí bajamos a Seronia, aunque servidor no iba a permanecer allí mucho: el 6 de agosto agarré el Vacmóvil y me fui a Miróbriga.
El motivo no era comer calamares en El Sanatorio –que también–, sino recoger a L. para, como indica el título de este postio, marcharnos a Galicia el día siguiente para huir del calor. Y, de nuevo como indica el título de este postio, nos tuvimos que joder por culpa del tiempecito, que mira que lo tengo dicho, que para pasarlas putas en verano me basta con quedarme en el sur y no con sufrir treinta y algo grados en el norte.
De camino a Galicia comenzamos a mascar (en portugués) la tragedia. Hicimos una muy obligatoria visitilla a Guimarães –la ciudad lusa de nombre más bonito, junto a Óbidos y Gondomar, aunque esto es una filia toponímica mía– y a sus grandiosos castillo y palacio de los duques de Braganza, así como la estatua de Alfonso I Enríquez, que ya no es sólo una filia histórica mía, sino de todo Portugal. También es filia de nuestros vecinos del oeste (y parajes aledaños) eso de conducir cual canis pastilleros, como prueba la carrera ilegal en la que el Vacmóvil y nuestros soponcios se vieron involucrados entre adelantamientos suicidas de deportivos de lujo.
Entre pitos y flautas llegamos a Cangas, que era donde Inés nos había invitado porque es de allí, lo cual le honra y mucho, porque podría habernos invitado a Tragacete y no haber aparecido. Aclaro que se trataba de Cangas de Morrazo –¿o íbamos a hacer la tontá de desviarnos por Portugal para ir a Eaedem de Onís?– y con razón, pues parece que en la infame vía rápida que tienen de acceso más de uno y menos de siete mil doce coches han hecho honor a ese nombre.
Esa tarde anduvimos visitando la ciudad a la espera de Deneb. Ya cuarteto, dedicamos la mañana siguiente a descubrir el resto del concello por la península del Morrazo, de parroquia en parroquia y con unas vistas de las Cíes y la ría de Vigo que sí, que hechizan, pero no tanto como para hacerme superar mi atávico síndrome de Cateto a babor.
Horas después nos acercamos a Pontevedra y Vigo. Lo cierto es que Pontevedra me sorprendió gratamente; quizás no sea la leche desnatada, pero su centro histórico está bien cuidado (aunque contra el hedor industrial poco se puede hacer). Vigo... bueno, que me perdone La Petite porque no termina de convencerme, si bien se nota que es mucho más ciudad que Pontevedra y que el resto de Galicia. Y su ría y casi todo su marisco me encantan, vaya, aunque esa fijación es extensible a todo el orbe galaico.
Olvidábaseme –qué majas las sobreesdrújulas– que fuimos a Vigo con afán musical y no turístico, ya que esa noche actuaba Dakidarría, el grupo del hermano de Inés. Véanlos si pueden en concierto y recuerden que a mí nadie me paga por hacer promoción, así que ni se les ocurra venirme con quejas.
Y hablando de exigir la hoja de reclamaciones, vayan pidiéndomela y poniendo su mejor cara de turbamulta indignada porque pienso cortar este artículo abruptamen




10 respuestas (¡y eso que son gratis!):
Jajaja... así, abrupto que es el medievalista del sur...
Tienes razón que para pasar calor, en casa, pero claro, a veces no se puede evitar.
Conozco Galicia de hace la tira de años y para el verano que viene pensábamos volver. Estoy bastante de acuerdo con lo que dices de Pontevedra y Vigo.
Nuestro viaje de juventud empezó en Lisboa y concluyó en La Coruña... duró un mes. Íbamos con mochila (ahora ni jarta vino) y en transporte público, dormíamos en pensiones de mala muerte y lo pasamos de p. madre.
Aysss...........me has desèrtado la nostalgia....
Un abrazo niño.
Bueno, Laura, eso de dejar el artículo colgado es un recurso literario más, ¿no?
Y oye, si te he despertado la nostalgia siempre puedes volver a Galicia... aunque yo de ti esperaría a la segunda entrega para que tengas en cuenta ciertas cosillas que me he dejado en el tintero.
Eso sí, deja las pensiones de mala muerte y date a la buena vida, que merece más la pena. O eso, o gorronea a los amigos, que es lo que hicimos nosotros.
Por lo que veo, nuestros vecinos del Oeste siguen siendo tan locos al volante como siempre, sobre todo si ven a alguien que va conduciendo en plan turístico, sin prisas.
En cuanto a Vigo, reconozco que se come muy bien, aunque lo mejor es buscar sitios poco frecentados por "guiris".
Por cierto, ¿Aún existe el mercado de "La Piedra"? Ya contarás algo.
Saludos desde Valencia, y gracias por tus comentarios sobre mi viaje a Roma.
Jajaja, ahora me doy cuenta que puse: desertado la nostalgia...
Siiii....hace tiempo que abandonamos esas pensiones, forman parte de una época y una edad.
Vale, espero la siguiente entrada.
Un abrazo
añade tu web a buscagalicia
aqui:
http://buscagalicia.es.tl/A%F1adir-tu-web-al-buscador.htm
Respondo ya de vuelta de Portugal:
a) Manuel, doy fe (tras mi última experiencia) de que los portugueses tienden a conducir mal, pero qué le vamos a hacer, tampoco es que en España haya mucha gente civilizada al volante.
No estuvimos en el mercado de piedra en Vigo, pero imagino que sí continuará (estuve hace catorce años y oye, se me pasó repetir la visita).
¡Un saludo y de nada por los comentarios!;
b) Laura, yo sólo he estado una vez de albergue y fue en Estocolmo. Por lo general, si viajo, que sea en plan decente, no sea que el alojamiento vaya a fastidiarme la experiencia.
Otro abrazo;
c) Adrián, añádela tú si gustas, pero comprenderás que apenas he hablado cuatro veces de Galicia en mi blog y porque haya saltado el buscador no voy a incluirlo, ¿no?
Ea, y ahora a hacer como que como.
Últimamente, cada vez que leo este blog, empiezo a salivar sin medida.
Entonces ni te cuento lo que escribiré cuando hable de nuestro reciente viaje a tierras lusitanas, ¿verdad?
Pero chiquillo, ¡tanto viaje (qué envidia) que ni Cela en la Alcarria y no has pisado La Coruña!
Esto no se le hace a fauve, no...
Espero que recapacitéis y para el siguiente... aunque no sean catorce mil ;-)
(Voy a tener que echarme un novio de vuestro estilo para que me acompañe en viajes así, a lo grande, que ahora todo el mundo quiere cogerse un avión con una escala como mucho e ir a un sitio, que yo también, pero estos viajes como los de antaño tienen tanto encanto... Os habéis vuelto muy exquisitos y encontráis muchas pegas, pero seguro que yo lo vería todo maravilloso. Si me hacéis un sitio en el siguiente, me apunto a subirme a la vacamóvil, que no sé por qué le has cambiado el género y quitado una a, tacañón...
Más besos.
¡Fauve, requeterrebienvenida a estos lares!
Como podrás comprender, no teníamos tiempo para ir a La Coruña, pero siempre se puede regresar a Galicia porque a nosotros se nos conquista por el estómago... ¡y en Galicia tenéis encantos de sobra!
Y oye, que no le he cambiado el género al coche. Resulta que es Vacmóvil por semejanza con el Batmóvil, que conste.
¡Muases y a pasarlo bien!
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