Sí, otra guía chorra. Era o esto o contar cómo, tras regresar reventadérrimo de las Escocias, me jamé setecientos kilómetros al día siguiente en singular ida y vuelta a Puerto Real; o cómo fuimos pero no a Santiaguito, porque ya tenemos una edad. Además, de Oviedo he hablado mil veces en los albores de aqueste blog (allí me tiré un añito) y jamás le dediqué un artículo tan tontorrón como el que están ustedes leyendo. Se siente, por ustedes y por Oviedo.
Lugar:
Oviedo. En bable se dice Uviéu, en Gijón se dice “los pijos de la capital” y en mi familia se dice “ancá Cuca”, que es mi prima plus su marido plus sus dos hijas y a quienes les mando un saludo: muases. Ya.
Ubicación:
En Asturias, patria querida, Asturias de mis amores. Esto es, al norte, muy al norte de España, tan al norte que a veces ni siquiera parece España. Pero Asturias ye España y el resto, tierra conquistada, ho.
Cómo llegar:
En ALSA jamás. Y eso que el monopolio de ALSA en Asturias sólo es comparable al monopolio de Intereconomía sobre la diarrea neuronal, pero ustedes ya saben que yo, empíricamente, nunca recomendaría ALSA. Así que cojánseme un coche, un avión, un tren, un dirigible, un patinete, un burro trotón o un buen par de pinreles. Como quieran, menos en ALSA. ALSA, mamones. ALSA, perracas. Hala, ya me desahogué.
Qué ver:
Resulta que Oviedo goza de buena fama. Su casco histórico no es que pudiese dejar catatónico a Stendhal (aunque a mí Stendhal me parece un flojo y una nenaza), pero bien merece una visita por ese aire burgués entre orgulloso y marchito que la envuelve y que retrató La Regenta. Deambulen entre la Escandalera y el Fontán, busquen plazuelas y callejas. Y eso sí, no se me pierdan los monumentos medievales: la Catedral, las iglesias prerrománicas (Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo y Santullano, donde los gijoneses deben soltar les madreñes antes de entrar a Oviedo) y esa joyita que es la Foncalada.
Parada y fonda:
Si van sobrados del maldito parné diríjanse al Hotel de la Reconquista, celebérrimo por acoger a las personalidades de los Premios Príncipe de Asturias, a cuya celebración acudí invitado hace seis años. Va en serio, de verdad, que sí, coño, hacedme caso.
Con todo, justo es reconocer que lo que me enamora el alma de Asturias –y Oviedo, ofcórs– es su cocina. Fabadas, cachopos, tortos con picadillo, escalopines, pescados y mariscos, ternera mollar, frixuelos, carbayones, moscovitas, muerte por chocolate y decenas de quesos tan diversos como acojonantemente deliciosos que, perdónenme, me están haciendo salivar de malísima manera. Por no hablar de la sidra, ese néctar de los dioses que a uno le quita el sentío hasta tal punto que es la única bebida alcohólica que nunca puede faltar en mi redil.
De tiendas:
Seré sincero: cuando voy a Oviedo no compro nada que no sea comida. Es decir, que se venderán más cosas en los comercios, pero no existen para mí. Así que imítenme y entren enajenados en las tiendas al grito de “¡me comía una jiguera!” o váyanse a algún bar de la mítica calle Gascona (es la que todas y cada una de las horas del año huele a meao, pero es venen... digo, sidra) a engullir como si no hubiese mañana.
Reflexión postrera:
Los ovetenses –y asturianos– son inconfundibles. Un carácter y un habla particulares, un clima tirando a desquiciante (pese al encanto del orbayu) y una geografía espectacular les confieren esa identificación entre paisaje y paisanaje. Vale, admito que me costaría horrores vivir allí, pero eso no me impide volver en cuanto tengo ocasión: París bien vale una misa, pero Oviedo bien vale el pincho de después.
Sobre todo si es con sidra. Y a la misa que le den.




5 respuestas (¡y eso que son gratis!):
Uno de mis bisabuelos era asturiano, y creo que una de tantas asignaturas pendientes que tengo es visitar esa tierra bien a fondo. Cuando he ido por Asturias, casi siempre ha sido de paso.
Respecto a la comida asturiana, te doy la razón en cuanto a lo suculenta que es, y éso que la fabada no es santo de mi devoción. Pero hay otras cosas, como bien dices...
Saluditos desde Valencia.
Se me olvidaba: Tu forma de narrar el viaje por Escocia me hace recordar el que hice con mi hija a Roma, en Abril del 2008. Si quieres, pásate por esa fecha en mi blog y lees la crónica, en varios capítulos, a ver qué te perece.
Un abrazo.
Esta guía chorra está de cine. He estado dos veces en Oviedo y alguna más por Asturias, no me ligan lazos familiares pero me gusta bastante. Ahhh... la sidra me gusta muchísimo.
Un abrazo.
Ahora tengo hambre, copón.
Me voy a comer.
Al contrario que Drácula, vámonos al ajo:
a) Manuel, Asturias merece más de una y más de dos visitas. Además, es de esos sitios que se disfrutan más sin prisas y, por supuesto, con el estómago lleno a reventar. Por cierto, podrías replantearte lo de la fabada: si está bien hecha es un plato casi que irrechazable.
Respecto a tu narración del viaje a Roma da por hecho que la leeré con calma, pero ahora mismo no tengo tiempo (tranquilo, ya la he descargado para leerla en casa, que no tengo allí Internet). En cuanto pueda, comento;
b) Laura, mis lazos familiares con Oviedo son recientes (hará cosa de diez o doce años que mi prima se mudó allí) porque toda mi familia es serona. Eso sí, la sidra es algo a lo que no renunciaría, tuviese o no familia allí;
c) Folken, a mí también me entró un hambre asesina escribiendo. Menos mal que tenía queso Casín a mano...
Un abrazo a todos, muchachada.
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