Éste tendría que haber sido un artículo acerca de la excursión de anteayer al inseparable dúo que conforman el Valle de los Caídos y El Escorial. Habría escrito, qué sé yo, de lo monumentalmente espectacular de los pagos visitados, o de las anécdotas constructivas, o de lo caros que resultan los Madriles y de la facilidad que tienen para desplumar el bolsillo ajeno. Pero les ahorraré el trámite de lo obvio y me centraré en lo específico, en lo morboso, en lo que (desengañémonos) más nos atrae.
De entrada, confesaré que mi torpeza congénita se acentuó ese día... y que quizás aún me anden buscando por cierta basílica subterránea debido a un asuntillo pendiente. Y juro por las mechas de Guti que lo que pasó –porque pasó, Lucía puede dar fe– fue tan involuntario que jamás lo repetiría, por mucho que lo intentase.
No eran ni las diez de la mañana cuando aparcamos el Vacmóvil frente a la verja del Valle de los Caídos, que aún no había abierto. El guardia, alucinado, pensaría que Lucía y yo éramos dos fachas deseosísimos de rendirle homenaje y pleitesía a Franco. Nada más lejos de la realidad, pues somos dos rojazos judeomasónicos que vivimos en pecado y bordeamos los límites de la decencia carpetovetónica.
Por precaución y sugerencia de Lucía, yo había quitado de mi zurrón toda chapa susceptible de ofender a nostálgicos de Cerillita. No acepté, en cambio, su sensata admonición, porque un servidor tenía muy decidido que iba a pisotear las tumbas del alcalde a perpetuidad de Salamanca y de su corrompido ideólogo.
Entramos en la inmensa basílica, donde no habría más de diez turistas desperdigados y sí tres aspectos que merecen su inciso: uno, ni rastro de franquistas; dos, estilo artístico asaz dictatorial (daría el pego en la URSS, en Alemania o en China); y tres, aquello tenía más goteras y humedades que los bajos de Sonia Monroy. Palabrita del Niño Jesús.
Llegué al altar, junto a la lápida de José Antonio, ese gamberro que marcó su territorio pintarrajeando su nombre en tantísimas iglesias de nuestro país. Los cuatro chirimbolos de madera que sostenían la típica cuerda roja estaban tan cerca de la losa que pisarla no supuso problema alguno. Por si las moscas, acompañé el gesto con un silbidito inocente y mirada distraída hacia otro lugar.
En el lado opuesto aguardaba Franco, la hijoputez hecha metro cincuenta. Los chirimbolos estaban algo más alejados del sepulcro, dificultando el acceso al mismo, y a diez metros un guardia de seguridad vigilaba con desgana, aunque disuadía a los más osados. Y yo, en esos momentos, no era nada osado, sino un inconsciente pleno, por lo que Lucía se desentendió de mí y se hizo la loca.
Esperé a que el segurata se marchara y me diese la espalda. Lentamente, se dirigió a la sacristía. Vía despejada, sin moros en la costa, y cambio al presente simple, para darle dinamismo a la acción.
Alargo el pie todo lo que puedo, por debajo de la cuerda.
Piso la tumba, misión cumplida.
El guardia se gira, me acojono.
Retiro el pie, arrastrándolo por el suelo y golpeando un chirimbolo.
A cámara lenta, me veo estirando el brazo para detener su caída.
Me lanzo cual felino y atrapo el chirimbolo, pero la cuerda se tensa y...
¡¡¡Clonk!!! (y vuelvo a los pretéritos).
Remolcado por la cuerda, el chirimbolo de la izquierda chocó contra la lápida, resonando su eco -clonk, clonk, clonk- por todo el templo. Lucía me miró alucinada, el guardia se quedó a cuadros y yo sentí la muy urgente necesidad de salir de najas del lugar, porque mi esfínter amenazaba con aflojarse inopinadamente si de repente aparecía la quinta brigada de ultraderechistas sin neuronas.
Aún agachado, levanté el susodicho chirimbolo y recompuse como mejor pude el precario cordón de seguridad (se ve que el cabrón no lo dejó todo tan bien atado como creía). Intentando disimular el estropicio, caminé hacia Lucía; juntos, aceleramos el paso lo justo como para iniciar la huida de la basílica. Ahora bien, como nadie nos dijo nada, aproveché para comprar un marcapáginas en la tienda: a saber cuándo me vuelven a permitir la entrada en el sitio.
Así que dense por enterados y juzguen ustedes mismos. No sólo soy un cruel y peligroso miembro de la izquierda, sino también un presunto culpable de un atentado necrocida. Y encima, vaca psicológica...




18 respuestas (¡y eso que son gratis!):
¡Ja, ja, ja! Muy bueno! De lo mejor que he leído últimamente...
Lo que no se pudo hacer en 40 años lo haces tú en 40 segundos... ja,ja, ¡vaya atentado!
Yo estuve de pequeño en el Valle. Recuerdo que había un Cristo yacente de piedra que me estuvo aterrorizando durante mucho tiempo. ¡Si hasta tenía pesadillas con él!
Lo de que Jose Antonio como "corrompido ideólogo" de Frankonstein no es la definicion más exacta . Más bien fue un robo descarado de derecho de imagen por parte de Franco. El Caudillo no tenía más ideología que a si mismo y sólo aprovechó el carisma de Jose Antonio. Ni falta que decir que a Franco le interesaba ver más a Jose Antonio bajo una losa del Valle que dictándole fantásticas ideas al oído.
Bueno, Dan, no es que yo quisiera atentar contra el Generalísimo de las Españísimas por la Gracísima de Diosísimo: llego a intentarlo aposta y no me sale, lo prometo. Pero como soy un torpe de manual...
En cuanto a los matices ideológicos, Franco se valió de la Falange hasta mediados o finales de los años 40, cuando ésta ya no daba más que para hacer desfiles y demostraciones de la Sección Femenina de Pilarín, la hermanita joseantoniana a la que había que ocupar en algo.
En fin, es cierto que Franco utilizó a su antojo las ideas falangistas, pero no es menos cierto que Franco no tenía más ideología que la del nacionalcatolicismo (que es como no decir nada), y que se comportó siempre como una veleta.
De hecho, yo siempre recuerdo una frase del dictador que lo describe perfectamente: "haga usted como yo, no se meta en política".
Je, je je.
Me he reído mucho.
Me llevaron al Valle cuando era pequeña.
Sólo recuerdo el dedo gordo de una estatua que era más grande que yo.
Juro que lo intenta a propósito y no le sale ni de casualidad. ¡Qué vergüenza!
Yo en la otra punta de la basílica (vamos, intentando que no me implicaran con cierta vaca rojaza), cuando se escuchó un sonido hueco retumbando en todo el lugar (¡¡¡clonk!!!). A fe mía que los ojos casi se me salen de las órbitas y que pensé "Ha sido Fer" antes, incluso, de darme la vuelta.
Vamos, que ya me veía en el cuartelillo de San Lorenzo del Escorial... del otro lado de las rehas, claro, que una es inocente como un corderito. Pero tranquilo Fer, que ya tenía preparado en el bolso un bocadillo con una lima para estos menesteres. Una nunca sabe donde tu torpeza nos va a meter en un lío.
Hala, que voy:
a) Sakura, creo que sé a qué estatua te refieres, será la de uno de los evangelistas al pie de la cruz... yo me consuelo pensando en los pétreos juanetes que tendrá con el tiempo, ahí, a la intemperie;
b) Lucía, siento mucho la vergüenza que te hice pasar. Ahora bien, poco tienes de inocente corderito, ¿cómo que mi torpeza te mete en líos?, ¿cuándo ha sido eso?
Y ahora, a votar.
Pues aunque fuera semi-casual, me alegro.
jajaja.
Ibas a hacer eso de "el que pise blanco pisa a Franco"
Ya no se respeta nada...
Aquí tus progenitores que nos hemos reído un rato a costa de tu torpeza casual, aunque opinamos que ya lo tenía cuasi previsto, que nos conocemos, tu madre ya te dijo que no lo intentaras y tú, nada.
El rey de la sutileza, señores, jejeje. Ya puesto podías haberte marcado un zapateao o algo...Que ya se sabe que las cosas se pueden hacer bien o mal, pero con estilo ;) Para la próxima les quemas el chiringuito.
Besos
A la espera del escrutinio definitivo de las elecciones, paso a replicar:
a) Futuro Bloguero, no conocía esa frase de "el que pise blanco pisa a Franco", pero tampoco es que fuese mi intención liar la que lie;
b) queridos progenitores, que me conocéis desde que era un tierno neonato, deberíais saber que mi torpeza no es casual... y siento haber desobedecido a mi señora madre, pero no pude resistir la tentación de pisar una miaja la tumba (como tampoco lo resistí hace catorce años, que conste), por mí, por vosotros y por toda la familia, que nos lo hemos merecido, ¡joder!;
c) Luna, de palabra puedo ser muy sutil, pero de actos nada de nada. En cuanto a lo del zapateao, mejor me lo guardo, que no bailo sevillanas desde hace casi veinte años y lo tengo algo oxidado.
Ah, y no puedo quemar el chiringuito. A fin de cuentas, soy historiador y por razones que son largas y tediosas de explicar no debo ponerme en plan Nerón con un monumento así (sería como quemar las pirámides). Además, ya he citado las humedades del lugar, que unidas a la piedra lo convierten en casi incombustible...
Cuando yo tenía siete u ocho años, se iniciaba el valor a bromear con Franco, porque se le tenía mucho miedo. Los chicos al cruzar por un paso de cebra, jugabamos a no pisar las rayas blancas, saltando de negro a negro, diciendo esa frase.
Juegos inocentes...
Estimado Fer:
Como veo que le escriben sus progenitores en el blós, me corto un pelo, perooo... ¿no tendrá usted genes de Mr. Bean o algo? (el inglés, oiga, no hablo de zzzcaricaturazzz). Yo sé que su madre es una santa y que R. Atkinson le pilla lejos, pero me reí bastante con la descripción-narración beaniniana de los hechos.
Lo más triste: que uno (y le juro que yo lo entiendo, Fer) aún se cague pensando que pueden aparecer una banda de pelaos con banderita de aguilucho en el peluco a darle hasta en el carné... Ese miedo todavía no nos lo hemos quitado, ay, Señor, Señor...
Como siempre, un placer leerle.
Anónima Paula
P.D. Off the topic totá: cómo me he reído con el hacedor de novelas de Dan Brown, qué vicio, oiga, gastada tengo la tecla F5...
Antes de abandonar esta querida facultad nuestra, a la que regresaré el lunes a seguir fotocopiando sin piedad, contesto:
a) Futuro Bloguero, gracias por aclarar lo del jueguecito, había que echarle valor para jugar a esas cosas en según qué situaciones..., por suerte ya desfasadas;
b) Anónima Paula, de Mr. Bean no tengo ni un mísero gen, porque ya sería el colmo de mis torpezas. Y sí, da un poco de yuyu que aún tengamos que temer a una panda de unineuronales dispuestos a amargarle la vida al resto por el mero hecho de que ellos anden reprimidos (y no se preocupe por el off-topic, esa bitácora lo merece).
Pues nada, muchachada, disfruten del fin de semana y, si pueden, eviten ver ese truñaco de impresión que es Mortadelo y Filemón. Misión: Salvar la Tierra: ¡maestro Ibáñez, han destrozado su herencia!
JAJAJAJAJAJAJA
menudos líos que nos montas!!!!
Pues yo... a diferencia de lo que parece ser usual... no he ido nunca (ni de pequeño) al valle de los caidos...
Sí he estado en el Escorial.... que conste!
Por cierto... ¿hay que pagar entrada? y en caso afirmativo, ¿a qué la destinarán?... Igual hay huchas tipo batasuni... pero con otros colores...
En fin... historias pasadas... por la gracia de Dios... y del tiempo.
Por un momento creí que había miccionado sobre la sacrosanta sepultura, sacrílego
Cuando yo fui, no se me ocurrió pisar sus tumbas, pero si me salió un "hijoputa" bien clarito.
Saludos cordiales.
Entre la general indignación (hay días en los que es mejor no levantarse), paso a comentar:
a) Jorge, la entrada cuesta dos eurazos con cincuenta, más otro tanto para acceder al funicular, e imagino que con ello se mantendrá el monumento y las palanganillas para las goteras (eso sí, pertenece a Patrimonio Nacional, así que el dinero va para el Estado);
b) Alicia, no se me ocurrió mear sobre la tumba, porque a esos viajes se va con la vejiguilla vacía y uno está bien enseñado;
c) Ray, la intención es lo que cuenta... y el "hijoputa" también.
Y ahora, a publicar de nuevo.
Bueno tío...no he sido capaz de entrar en tu blog hasta hoy...pero vamos, la espera ha merecido la pena! jajajajaja...
El caso es que ir con Lucía ayuda... ella es más comedida en sus actos (o no?). Fijo que ir acompañado de alguien que comparte en cierta medida tus ideas y caer en el "ridículo" (que para mí no tiene nada que ver con el típico "ridículo espantoso" comúnmente conocido)vengativo y aliviante, más bien...esoooo, esoooo, eso es como la master card, no tiene precio!! Porque vamos, te aseguro que lo peor de lo peor que te puede pasar en ese sitio no es que te mire de reojo un flojo guardia...ni siquiera que te miren los 4 turistas y medio porque suene un clonk...mientras ese "clonk!" no sea el de los tacones de tu acompañante cuando se planta firme brazo en alto delante de la tumba del ya recostado (por fin!). Porque te aseguro que en ese momento (que hasta ahora había decidido no recordar por la evidente vergüenza que me hizo pasar), en el mismo instante en el que Alf taconeó...bueno bueno...el disimulo de Lucía y el tuyo al plantarle el 43 a "Jóse" era una ínfimíiiiiiisima parte del que yo alardeé. Tierra trágame!!!! (y fijo que lo podía haber hecho, y más si vemos como se ha comido la montaña al "templo") No he pasado más corte en los días de mi vida!!!
Así queeee, que todo quede entre nosotros...
Chitos de tu prima Ío
Uf, uf, Ío, ya me explicarás con más calma tus andanzas porque prometen ser tan cantosas como las mías... ¿será cosa de los genes? ¡Y no sé quién es ese Alf, pero espero que no sea ni de Melmac ni que se coma gatos!
En fin, besazos para ti y para tus nenes.
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