Portugal: dícese del país que imposibilita –Pirineos al margen– que todas las fronteras españolas sean pasto de las recalificaciones para un mayor y mejor urbanismo salvaje del litoral. Dícese también de la patria del fado, de las mil y una maneras de cocinar el bacalao, de toallas, de albornoces, de manteles, de gallos del tiempo y del vello facial en ambos sexos, con perdón.
La capital lusa es Lisboa, leímos en la guía. Allá que nos fuimos, al compás del chacachá, del chacachá del tren, sólo que el tren no era de lujo, como cantaba El Consorcio. Tampoco es que fuera para transportar ganado, claro está, pero la antigüedad de sus compartimentos y el agujero que hacía de inodoro parecían validarlo para ambientar algún capítulo de Cuéntame cómo pasó.
Arribamos a Lisboa e inspeccionamos el hotel, husmeando en cada rincón del cuarto para cerciorarnos de que, en realidad, les habíamos tangado nosotros a ellos y no al revés. ¿Cómo, si no, redujimos a un tercio el coste de la estancia? ¿Cómo es posible que los solícitos portugueses, tan amables ellos, no se quejaran?
[Señor Weekend Plan, lo adoro, sin menoscabo de lo que pueda sentir por la chica que me acompañaba y que responde al seudónimo de L.].
Esa primera tarde nos dedicamos a saquear la oficina de turismo, callejear por la cuadrícula de la Baixa pombalina hasta la bella plaza del Comercio y degustar un café como Dios manda en el Nicola con el Rossio como escenario, custodiado por el castillo de San Jorge.
“A Belém pastores”, podríamos titular la segunda jornada. Obviando las consabidas citas al monumento a los Descubrimientos, a la imponente Torre de Belém, al espectacular Monasterio de los Jerónimos y otros indispensables lisboetas, querría centrarme en mi nueva unidad de medida para la felicidad. Si antes se hablaba de letisabaterios o anaobregonios, hoy sólo cabe referirnos a los pastelitos de Belém, simplemente cojonudos. Por tanto, la felicidad de esa mañana se cifraría en tres pastelitosdebelém, los mismos que me jamé entre alabanzas a Lucía por introducirme en mi nuevo credo y loas a las cocineras, una de las cuales me devolvió el agradecido y devoto beso que le lancé. ¡Viva y bravo por este placer mundano, hojaldrado, cremoso y sepultado por azúcar y canela!
“Lisboa antiga repousa plena do canto e belleça”: tercer día. Se destinó a la visita de Alfama y Chiado, entre tranvías y elevadores de Santa Justa. Aparte del diluvio en el castillo de San Jorge y del asalto a mano armada en la catedral, recorrimos gustosos dos de las siete colinas de la ciudad de la saudade, disfrutando de imposibles vistas, repostando bacalao a braz y presentando nuestros respetos a Pessoa en el encantador A Brasileira.
Nos despedimos el domingo, sorprendidos por una Lisboa renovada y un clima tropical, ora lluvia, ora mangas cortas. Íbamos felices (dos pastelitosdebelém) hasta que las vías se inundaron y obligaron al tren –otra vez sin lujos, pero sin ganado– a dar todo un rodeo por la Beira Baixa que nos costó un par de horas. Sin sustos, eso sí, y demos gracias.
Puntos a favor: pastelitos de Belém. Absolutamente todo lo demás queda supeditado a ellos y falto de interés. ¿Para cuándo una nueva invasión que obligue a los portugueses a desvelar el secreto de su receta?
Puntos en contra: que los lusos, con lo majos que son, no suelan gastar letreros o guías en castellano. Consiguieron, así, que Lucía y yo destrozásemos su lengua con nuestro portugués de todo a cien: se siente, vecinos, haberlo previsto antes.
6 de noviembre de 2006
Portugal (y por el mío)
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12 respuestas (¡y eso que son gratis!):
soy superfan de lisboa, y creo que has caido en su magia...
Me ha gustado la definició inducida de esa tierra que llaman España.
Ayudadme, lectores del blog:
Estoy intentando que Fer pase lo mejor posible su mono de pastelitos. Pretendo que use otra unidad de medida para su felicidad, pero parece que mis propuestas no cuajan.
Propuestas rechazadas de plano hasta el momento: aceitunas con anchoas, donuts, zanahorias, hornazos, jamón de york, buñuelos, dulces navideños, etc.
Tengo ideas limitadas, así que... Para nuevas propuestas, diríjanse a estas señas: www.ferdiazgil.blogspot.com
Muchas gracias.
P.D: ¡Qué bonito es Portugal! ¡Qué pelotas son los portugueses! ¡Y qué bueno está el bacalao!
Jamón pata negra, que parece que no le conoce.
apoyo la moción del "jamón de pata negra"... No confundir con el jamon york... eh!
Pruebas con eso Lucía... y si falla... urgentemente al médico... sería un problema bastante grave!
Oh, Lisboa, qué recuerdos. Admito, Josestereo, que Lisboa tiene un encanto del que adolecen otras muchas ciudades encumbradas. Ya lo comprobé en mi primera visita y lo he vuelto a confirmar, ahora con pastelitos de Belém de por medio.
(A todo esto, me alegro de que te haya gustado la definición de España, Jorge).
Lucía, gracias por tus desvelos. Es lógico que haya rechazado alguna de tus propuestas para mi unidad de medida para la felicidad, pero te habrás dado cuenta de que todavía el mono lo tengo algo controlado. Ya verás cuando se me acaben los cuatro pastelitos que me quedan en la nevera...
Y sí, Alicia ha dado con el clavo, como Jorge al apoyarla. El jamón ibérico de pata negra es el culmen de la gastronomía hispana, luz y guía de las comidas del mundo.
Un jamoncito bien cortado, lonchas cuasi transparentes, grasa benigna e infiltradita en vetas: sí, el jamón ibérico (si no es de Guijuelo, mejor) es el verdadero Dios.
¡Pero los pastelitos de Belém serán su profeta!
Se me revela ud. como un poco tocapeloteiro, estimadísimo Fer... Españolísimo defensor del jamón -yo a eso me apunto-, ¿no conoce la profecía del Quinto Imperio -oh, Pessoa, amado entre los odiados-...? ¿Por qué habrían de hablarle en español los portugueses, ahora que ya no tienen que convencernos de que paguemos en pesetas, que "total lo mismo da" -eso hacían/aseguraban con sonrisa gatuna hace años-, ahora que el euro campa por doquier...?
¿No probó a hablarles en inglés...? ¿Tomar un cha a las cinco con sus pastelitos amados...?
Reflexione, hombre, no le pille en bragueiro D. Sebastián...
(Por cierto, ¿visitaron la Quinta dos suspiros? Mi memoria SIEMPRE falla, pero creo q es ahí donde hay un monumento a la difunta Doña Blanca o Doña Bárbara -jopé, las neuronasssssssss-, a quien su amante y desconsolado esposo Don Pedro obligó a hacer besar su esquelética y/o putrefacta mano (consulten a Grissom) a toda su corte de malnacidos nobles... El sitio respira una melancolía inmensa, ay, Portugal, azulejos, saudade, orgullo, mucho orgullo, gentileza -quizás confundida por los castellanos con servilismo-, aires de otros tiempos, y patria de la más hermosa de las revoluciones...
Anónima Paula, no conozco la profecía del Quinto Imperio (acláremela, por favor), pero lejos queda mi intención de ser un tocapeloteiro. Y le explicaré por qué cuando finalice este párrafo. Ahora. Ya.
Sobre el asunto del idioma: no exijo, ni mucho menos, que me hablen en español en el extranjero. Siempre intento, en la medida de lo posible, expresarme en la lengua del lugar, y Lucía puede dar fe de mis desvaríos con el portugués. Lo único que querría es que, dado que una gran parte de los turistas en Portugal proviene de España, los letreros en museos y estaciones o las cartas en según qué restaurantes estuvieran en castellano. No es mucho pedir, creo.
Lo que no hicimos fue visitar la Quinta dos Suspiros, ni ir a Sintra. No teníamos tiempo, hecho que justificará una segunda visita más adelante.
Sin más que decir, espero sepa (y sepan los demás) entender mi postura respecto al jaleo del idioma.
Portugal, desde Valencia do Minho a Faro, desde Miranda de Douro a Setubal, es un pasi fantástico!! Cómo no!
El otro día hablaba con un pintoresco nativo de Cabo Verde de la unión de almas ibérica. Hay que hacer más caso a Portugal!!
Lo único bueno de Cutreburgo es que EN MUCHAS PASTELERIAS TIENEN PASTELES DE BELEM. Aunque aqui los llaman "Natas". Lo unico salvable de Lusomburgo o es español o es portugués.
Por cierto, me fui el fin de semana hasta Suiza, tierra de banqueros, queso Emmenthal, navajas, chocolate y Heidi.
Dan ganas de ir para allá aunque sólo sea para probar los pastelitos.
Aclarado, Fer, aclarado, of course, líbremedios...
En Madeira no había "maneira" (ji) de que te hablaran en español. Actitud militante, que la llaman. Felipe II, a tomar po'lculo. Comprar mantelitos en inglés con acento luso, chúpate esa. Y mira que los ingleses tb los jodieron de mala manera (¡les robaron el invento del tea time!), pero la pela es la pela... Vino de Porto, chalés victorianos...
Qué tendrá la Macaronesia para los ingleses... Shakespeare nombra un baile que hizo furor en la corte isabelina llamado "el canario", y tb alaba los caldos isleños. En Canarias los british explotaron el cultivo primero de la cochinilla y luego impulsaron el del tomate y el del famoso plátano (a orillas del Támesis, on the docks, Canary Wharlf... huy, creo q lo he escrito fatal...). Luego nos robaron la línea, el meridiano, que pasaba por la isla de El Hierro, justito por el Faro de Orchilla, puñeteros... Pero canarios, lusos y británicos tenemos el mismo huso horario...
Creo que ya lo dije en otra ocasión: el gran fallo de los canarios fue impedir que entrara Nelson (Tenerife, San Andrés) y dejar que saliera Franco...
Los ingleses impulsaron el desarrollo del comercio trasatlántico (es que lo de puerto franco o duty free, como q les ponía bastante): aún se conservan los edificios portuarios de las compañías Elder y Miller. Y en las fotos añejas de las calles comerciales de las islas campeaba por doquier el English Spoken... Pero tb fue un inglés, Mr. Leacock, quien primero legó su empresa a sus empleados "nativos" en forma de cooperativa... Los caciques lugareños, pasmados. También fundaron el campo de golf decano de España y olé, y qué decir de las competiciones de foot-ball, florecían los equipos F.C. hasta debajo de las piedras, así como la tradición pugilística de las islas...
Aquí, en Canarias, tenemos palabras autóctonas... ¡¡de etimología inglesa!! Verbigratia, el típico cuchillo canario, que llevaban hasta principios del XX todos los hombres en el fajín (versión isleña de la navaja de Albacete, I suppose), con mango de asta (de cabra) labrada con incrustaciones y agudísima punta, cual estilete, recibe el nombre de..."naife": "Chacho, alcánzame el naife, pa pelá los tunos" (=higos chumbos). Y las papas viejas se llaman "outudate" o bien "otodate" (out of date). La variedad inglesa de papas es la "quinegua" (de los sacos de la Gran Bretaña, potatoes King Edward). El whisky John Haig se convierte en un "guanijey"... Y los turistas eran "chonis" (Johnnies) antes de convertirse en guiries...
Existen multitud de estudios lingüísticos sobre la variedad del cambuyón y antropológic-sociales sobre la figura del cambuyonero... Cambullón o cambuyón: dícese del habla cuasi-inglesa de los cambulloneros. Origen de la expresión: Come-buy-on = cambuyón. Cambullonero: isleño avispado que acercaba su falúa o barquita a los grandes trasatlánticos fondeados en la bahía y ofrecía productos insulares (canarios canoros en jaulitas de alambre, frutos de la tierra, artesanía...) a los ingleses pioneros del turismo. Hasta hay un par de relatos de Agatha Christie ambientados en Las Palmas de Gran Canaria (tb los hay ambientados en Baleares, cómo no: no saben nada estos ingleses...).
Y mírese lo del Quinto Imperio y la profecía de Don Sebastián, que si le gusta la leyenda artúrica, seguro que encontrará paralelismos!!!
Que tb Portugal fue un imperio...
En Asturias una de las variedades de manzanas que se usan para la sidra se llaman "minganas". Esto de se debe a que venían de Birmingham.
Me ha dicho un amigo que la palabra "guaje", "chico, niño, mancebo, muchaco, mozo, galopín" originario de las cuenca mineras, vendría de una corrupción de "washer", los menores de edad encargados de lavar el mineral en las minas.
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