27 de mayo de 2006

Sin memoria

El presunto señor Ángel Acebes ha vuelto a sacar a paseo una de las primaverales tendencias de su partido, es decir, la equiparación de inmigración con delincuencia. Seré breve, me puede el cabreo, me duele que mis impuestos paguen a la gentuza que promueve la xenofobia, que anticipen la podredumbre de una bolsa repleta por el hecho de que una manzana venga podrida.
Mi abuelo tuvo que salir de un país asfixiado por un cabronías hecho dictador y su fascista corte; lo hizo durante sólo unos eternísimos meses para trabajar lo más honradamente posible en Alemania, tratando únicamente de labrarse un futuro que en España se antojaba complicado. Como quienes lo acompañaron, no se lanzó a robar, violar, asaltar o asesinar: ahorró lo justo para volverse, comprar unas tierras y dedicarse a vivir en paz. Huelga decir que, junto al turismo, fueron las remesas monetarias de los emigrantes las que resucitaron esta nación que languidecía bajo la implacable sombra de Franco. Ellos, de nuevo ellos, y los que hubieron de quedarse aquí, incluido mi otro abuelo.
Y yo, su nieto, me enorgullezco de su sacrificio y no pienso renegar de ellos, por muchos años que pasen de su muerte. Y no pretendo desechar su legado, ni voy a reprocharle nada a quien huya del hambre para ganarse las habas, para mantener a los suyos contra viento y marea.
Que Acebes diga misa. Que rebuznen, que berreen estos peperos tan bien pagados de sí mismos, de su preciada sangre inmaculada, libre del esfuerzo y de contacto con la dolorosa y auténtica realidad. Lo hecho por millones de españoles no merece ese sectario olvido, esa ignorancia histórica con inhumanos fines partidistas.
Agüelòh, cá uno éh cá uno, como decimos en el terruño. Y yo, que soy yo, Nano, os mantendré en mi memoria, como a todos los que se partieron la espalda para levantar España y que ahora no interesa recordar.

3 respuestas (¡y eso que son gratis!):

Jorge P. Manrique dijo...

bastante hay con tener que asumir el perder la propia cultura por ganarse el pan...
Lo que pasa es que hoy en día nos hemos pasado a la primera clase en este tren... y claro ya nos hemos olvidado cuando viajábamos en tercera.
Bien dicho...
Las generalizaciones y simplificaciones de las cuatro simpleces mal dichas... sólo llevan al absurdo.
A esos países de donde salen los cayucos llevaba yo a algunos una buena temporada... para que después hablasen con conocimiento de causa... seguro que después estarían más calladicos...

Anónimo dijo...

Mi abuelo nació en Argentina y mi madre en Francia, así que yo, como nieta, hija y hasta prima de inmigrantes (gran parte de mi familia aún pasta en tierras francesas), no puedo menos que decirle al señor Acebes que mida un poco sus palabras, que tanto meter la pata no puede ser normal.

L.

Fer dijo...

Turno de réplicas para servidor, pues ya ha pasado la espera preceptiva.
Desde luego, Jorge, que nos hemos subido al tren de la modernidad, pero ello no nos concede el derecho -como dices- de olvidar la tercera clase. El problema es, como dijo José Blanco, que a ver con qué cara miraban los peperos a los emigrantes que emplean en sus casas, más aún después de lo que dijeron.
A Lucía (ja, te tengo calá): sé de sobra lo que piensas -pensamos- de esto, por lo que la comprensión es mutua. Pero te recomiendo que les pares los pies a tus parientes galos, esto es, guarda los juguetes y contéstales que hace mucho que en España tenemos luz y agua en las casas.
Por cierto, propongo una colecta para regalarle a Acebes un metrito (y que mida sus palabras una miaja).